
Está permitido sentir miedo.
Levantarte un martes cualquiera sin saber qué hacer, no tener ganas. Matar la rutina, pintar de azul el gris de los días. Abrirle espacio a la alegría.
Caminar por las calles sin camino, desacatar las normas, arrumar las excusas, tentar a las dudas. Olvidar amores, no contestar las llamadas, no dar más explicaciones. Sacarte ese uniforme. Escaparte para siempre.
Está permitido sentir frío.
Seguir los pasos de la gente, construir tu propio destino. Dejar de lado los complejos, continuar sonriendo, tener amigos. Amar con locura, emborracharse con el olvido. Mantener el aliento, contener el coraje, tener la razón firmemente. Luchar por lo que quieres.
Sacar las piernas al mundo, guiarte de corazonadas, conquistar presentes viviendo futuros, dejar atrás el pasado, pero recuerda los buenos momentos. Seguir distintos caminos. Tener dudas, levantarse con hastío. Decir cosas sin sentido. Reírse de uno mismo.
Está permitido saltar al abismo.
Decir que NO más seguido. Ponerse ropa colorida. Bailar salsa sola en la cocina. Caminar bajo la lluvia, escribir poesía, enamorarse si quiera de la luna. Oler el aroma de las flores, leer miles de libros, tomar un café.
Confesar un secreto, pedir consejos y escuchar atentos. Observar las miradas de la gente, aceptar desafíos, cometer errores, creer en fantasías. Amar con locura, sanar viejas heridas y pedir disculpas así sean tonterías.
Está permitido romper las cadenas.
Seguir los sueños, continuar despiertos. Robar un beso, cantar a viva voz. Romper ventanas, abrir puertas, construir un hogar. Hacerse gigante, sentirse pequeño. Suspirar al viento, esperar un te quiero, cumplir deseos. Esperar el arcoíris.
Viajar por el mundo. Dar el primer paso con entusiasmo, querer lograrlo. Renunciar a la derrota, conseguir las glorias. Tener fe en ti, en la gente. Saber que se puede, creer en uno mismo. Decir que sí con el corazón abierto. Soñar despiertos.
Está permitido sentir miedo…
Pero queda prohibido no vencerlo.